La Culpa

Sad spinster in bed

La culpa, una de las emociones corrosivas

Las emociones corrosivas cumplen una función adaptativa para el ser humano; la culpa, también forman parte de estos sentimientos que sirven para identificar nuestros errores y facilitar las conductas de reparación.

La culpabilidad ¿es un sentimiento malo o bueno?

Se puede definir como un sentimiento desagradable que nace del señalamiento, condena o sanción del acusador por algo que se hizo o no se hizo. Por lo general, este señalamiento produce sentimientos de remordimiento, lamento, tristeza, frustración, angustia, etc. Ahora bien, es hora de hablar sobre las emociones corrosivas…

¿Qué son las emociones corrosivas?

Cada una de nuestras emociones tiene su propia naturaleza, pero todas ellas tienen un factor denominador en universal: mirar hacia las demás personas y comprarnos con ellos. Es a partir de aquí que, se comienza a generar el odio, la culpa, la envidia, la vanidad, etc.

Dentro de la psicología, estos sentimientos son llamados como emociones corrosivas y si duran por mucho tiempo en el interior de las personas, pueden llegar a ser muy perjudiciales para la salud. La corrosión se crea cuando éstas no son pasajeras, sino que perduran por mucho tiempo y forman parte de nuestra personalidad.

Por lo tanto, es dañino para nuestra salud mental y física. Estos sentimientos se convierten en la “piedra de nuestro zapato” para deteriorar nuestras relaciones interpersonales. Cuando nos dejamos llevar por estos malos sentimientos no somos dueños de nosotros mismos y por lo tanto, adquirimos conductas indeseables, de las que después nos arrepentimos.

De hecho, aunque parezca exagerado también altera el sistema inmunológico, cardiovascular y cerebral, así lo explica Ignacio Morgado, autor del manuscrito “Emociones corrosivas: Cómo afrontar la envidia, la codicia, la culpabilidad, la vergüenza, el odio y la vanidad’. Morgado también es profesor de la cátedra de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona y el del instituto de Neurociencia.

¿De dónde provienen?

El experto explica además que, todas estas emociones afectan radicalmente las áreas del cerebro que están vinculadas con las emociones básicas, y que se comunican con las áreas relacionadas con la razón, como por ejemplo: la corteza frontal.  

La interacción entre lo que pensamos y sentimos es lo que produce una mezcla única que puede dar impulso a la aparición de una emoción corrosiva. Estas emociones no están en ningún lugar, son básicamente funciones que hace el cerebro. Entonces, es el funcionamiento que las origina.

Existen dos causas, por las cuales, las personas están más propensas a padecer de las emociones corrosivas: herencia genética y/o factores educacionales, culturales y ambientales. En otras palabras, uno no nace siendo envidioso, vergonzoso u odiador.

Nace con ciertas emociones, que son las que concretan la clase de respuesta automática que tenemos como individuo cuando se considera estar atacado. Sin embargo, puede ser algo que heredemos de nuestros padres. Hay niños pequeños que cuando se les lleva la contraria automáticamente se frustran y enojan, mientras que otros no.

¿Cómo podemos combatirlas?

Tal vez, todos en algún momento de nuestras vidas hemos sentido culpabilidad, vanidad, envidia u otra emoción corrosiva. Nos hemos convertido en “víctimas” de estos malos sentimientos que hacen tanto daño. Según el especialista Ignacio Morgado, asegura que hay diversas formas de combatir las emociones corrosivas, y que todo esto se origina por medio de un componente genético, tal y como lo hemos mencionado anteriormente.

La única manera de combatir esta emoción corrosiva es a través de la capacidad de razonar. El ser humano no elige odiar o dejar de odiar. Estos sentimientos aparecen de la nada, sin que nos demos cuenta. No tenemos control en nuestro sentimientos, pero si en nuestro raciocinio.

Debemos preguntarnos siempre qué podemos conseguir de positivo de todo esto, teniendo estas conductas y reacciones indeseadas. Si la respuesta no es buena, entonces, es el momento perfecto para comenzar a trabajar en aliviar las emociones utilizando la cabeza. En caso de omitir este esencial consejo, estas emociones se instalarán en nuestro interior, y con el pasar del tiempo, podrán producir un enorme malestar.

Como consecuencia, generarán caos y daños hacia uno mismo, así como a las personas que se tiene alrededor. Todo está en nuestras manos si queremos evitar estas emociones. Afortunadamente, podemos conseguirlo.

Es muy, pero muy difícil controlar nuestros sentimientos, no obstante, sí podemos evitar ejecutar ciertas acciones que están mal vistas, por ejemplo: evitar pensar en los juicios imaginarios que son, sin duda, desgastante emocionalmente.

Por último, te invito a resignificar esta emoción pensando que usualmente cuando experimentamos la culpa es a causa de un error cometido y quiero recordarte que para llegar a ser un sabio se requiere equivocarse lo suficiente para comprender las mil y un formas de no hacerlo, hasta llegar a un resultado armónico. 

Y tú… ¿estás listo para dejar atrás la culpabilidad y otras emociones corrosivas? De ser así, te felicito, has escogido el mejor momento para cambiar. Pensar y actuar positivamente te ayudará con tu bienestar.

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